¿(Pi)enso, por qué?

 Estas últimas semanas, cada tanto, aparece un sentimiento extraño de definir, y también de procesar. La necesidad de estar a solas por un momento, un rato largo. Es raro. Como una aversión a exponerse a los juicios de los demás, los juicios de uno mismo, incluso de ese efecto de contaminación que ejercen otros sobre nosotros cuando enruidecen o quitan la belleza de la vida tranquila. No quiero decir que me gustaría que el resto deje de existir, estar solo en el mundo. No puedo y no quiero. Pero siento la necesidad de, por un momento, sentarme a pensar nada y hacer nada. Quizás es el efecto de vivir en otros tiempos, unos muy rápidos, en los cuales la lógica no se basa en el bienestar prolongado o la satisfacción plena, sino en la urgencia por tachar quehaceres de nuestra lista en el celular o libreta.

En suma a esto, creo es la sensación de poder aislarme, con mis pensamientos y sentimientos a solas, quiero explorarlos, más a fondo. Muchos deseos, pocos objetivos. Es como estar "asqueado" de una comida, empalagado del contacto humano, no en el mejor de los sentidos. Parecido a estar comiendo un pollo riquísimo con las manos y morder un hueso, oírlo crujir. ¿Cómo se puede solucionar? Hace tiempo que estoy desconectado de mis tareas, tratándolas a último momento, cuando ya no hay más tiempo límite por aprovechar. Necesito apagar un ratito la cabeza. No sé si unas vacaciones me vendrían bien, porque el eje de este problema no está en el descanso, sino en la no-frustración. De poder aprovechar el tiempo que tengo para hacer las cosas que tengo que hacer, y descansar en el momento que me toque descansar.

Todo está desfasado, y como primer ejemplo mi ciclo de sueño. Gritos, charlas y risas por la noche que vienen del pasillo me hacen mantener los ojos abiertos. No tengo drama, pero, ¿un martes a la noche, enserio? Hice todo un análisis sociológico del porqué las normas de convivencia ya no se respetan, pero como dice mi profesora, los sociólogos son muy buenos identificando problemas, muy malos proponiendo soluciones. No quiere decir que lo que yo analicé pueda o no ser útil. Incluso si sea cierto. La peculiaridad es que puedo ver lo que está pasando, pero por alguna razón no veo salida. Porque no estoy motivado a salir. No lo veo. Cada pequeña cosita se infla como algo mucho más grande, hasta que lavar los platos puede resultar en una tarea para la cual prepararme.

Por ahí, alguna solución que me dirían es que simplemente haga las cosas. No me queje. ¿Podría ser? ¿Por qué lo estaría haciendo? ¿Porque alguien más me dice que es lo correcto por hacer? Si yo no entiendo el porqué, en el pantallazo grande, ¿por qué tendría incentivos siquiera de hacerlo? Anoche me quedé hasta tarde (no tan tarde como en otras ocasiones). Muchos temas volaban. Con este deseo de encontrarle una lógica racional a todo, me ponía a pensar grandes temas. El porqué preferimos vivir antes que no, porqué sucede lo que está sucediendo, quién lo garantiza. De nada sirve, puesto que a la conclusión a la que llegué es que ladrillos irracionales sostienen edificios enteros de racionalidad, como así el numero Pi (π) es fundamental para calcular áreas y círculos.

Pero, ¿como convivir con lo irracional, lo absurdo? Pareciera una pregunta que podría responder, puesto que me encanta leer a Camus, pero jamás lo había sentido así, atravesándome. Y qué sensación. Ahora también me doy cuenta de que este absurdo ha estado entrometiéndose en mi vida, quitándole sabor, palideciendo. Una total insensibilización a la música, a la charla entre pares, a la familia, al arte y a las ciencias. La peor que he sufrido en mucho tiempo, ya que no es un simple bloqueo el cual pueda abrir con una llave mágica o especial, sino que es un pozo profundo de barro que tengo que nadar desnudo, helado por la noche. Quiero creer que después de este pozo pueda entender por qué el barro me atrapó desde un principio, o si por un motivo absurdo yo lo hice de mala gana. En suma, que me lo busqué. Y ¿no es un gran consuelo la ignorancia? No lo digo desde el ego, en serio. Más bien que el dudar (más que el pensar) destruye y rompe aquella estructura que construimos por seguridad. Tal vez romperla nos de libertad, pero ¿para qué quiero libertad, si estoy calentito en prisión? Si el resto de los libres se la pasa trabajando para sostener sus hogares, yo acá en mi ignorancia, cuidado y encajado, soy feliz.

¿Qué hacer cuando la libertad no me complace? Ojo, esto no quiere decir que preferiría vivir bajo un régimen opresor. La cuestión es otra. Me refiero a que, si mis necesidades están cubiertas, no tengo peligro ni necesito saber, ¿de qué me sirve ser libre? ¿Para ser expuesto a los lobos, el hambre y los jefes? Una vida simple es una vida admirable, porque la complejidad de la forma la hace más propensa a crecer espinas. Pero aún así todos queremos, incluso inconscientemente, vidas difíciles.

¿Por qué nos hacemos la vida tan difícil? Nos hervimos la sangre por cualquier pavada, lloramos y nos deprimimos por un mísero mensaje de texto que no llegó, incluso una canción con una melodía suave y melancólica. Y así como abajo es arriba. Saltamos del sillón pegando un grito cuando una pelota entra a un arco de fútbol, incluso salimos a la calle y nos abrazamos con gente que no conocemos, todos pintados de los mismos colores. No implica esto que somos seres irracionalmente emocionales, o que debiéramos de dejar estos sentimientos a un lado para enfocarnos en aquello que es teóricamente "útil", sino que simplemente no concibo la razón, el origen de aquellos.

Como el numerito pi, es una cuestión irracional que moldea este sistema racional, qué interesante... ¿verdad? En una charla reconfortante, quizás irracional, vuelva a encontrar este sentido lógico que me orienta como una brújula a mis objetivos, a mi razón de seguir estando acá

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